El arte popular es una amenaza para el gobierno fascista de Abelardo

¿Por qué desistir de las migajas que nos quiere entregar el MinCulturas de Abelardo de la Espriella?



Como muchos otros procesos organizativos, FATTAL busca distintas formas de financiación para adelantar acciones colectivas. En la última convocatoria de estímulos de MinCulturas del gobierno Petro fuimos seleccionadxs como ganadorxs de uno de los estímulos, con el cuales financiaríamos jornadas culturales para fortalecer comunidades hermanas, crear lazos internacionalistas, realizar acciones de solidaridad con el pueblo palestino, mantener nuestro proceso vivo y realizar pedagogía popular sobre problemáticas que son de vital importancia ante la amenaza fascista global.


De los 20 millones prometidos para cada una de ellas, el nuevo gobierno de Abelardo (a quién le corresponde el desembolso) no ha desembolsado ni un solo peso, mientras mantiene fechas de entrega cada vez más asfixiantes. En este comunicado exponemos por qué desistimos rotundamente de estos estímulos, primero como medida de autocuidado y segundo, por convicción política. También invitamos a los procesos hermanos del campo popular a mantenerse en una oposición férrea a este gobierno.


Primero: esta decisión, como medida de autocuidado, busca blindarnos ante presiones por el cumplimiento de las actividades propuestas, ya que aunque no se ha desembolsado el dinero público que compone estos estímulos, si se mantienen las fechas de ejecución y entrega de resultados. Las presiones por el cumplimiento significarán un notable desgaste, y puede traer inconvenientes a los representantes legales del estímulo, de no poder cumplirse las fechas finales.


Las razones políticas son más complejas. La Resolución 1887 del Ministerio de Cultura, en la que informan el desfinanciamiento de estímulos, y el respectivo comunicado de prensa de MinCulturas, crean una narrativa que posiciona al gobierno de Abelardo y el ministerio de Paola Holguín como “salvadores” del financiamiento cultural. El gobierno actual presenta datos sin sustento sobre un supuesto desfalco o desfinanciamiento dejado por el gobierno anterior (como ya lo han hecho en balances dudosos, o directamente falsos, de distintas instituciones), y exponen esta como la razón para no haber realizado los desembolsos; al mismo tiempo señala que el gobierno efectuará gestiones para “saldar esa deuda”. 


Este mensaje sobre el desfinanciamiento, sin presentar cifras ni pruebas, sigue el guión de los actuales gobiernos fascistas de la región, como el de Kast en Chile o el de Fujimori en Perú; el objetivo es claro: Mostrar la financiación de programas sociales, becas, estímulos, y otras formas de inversión social del dinero público como una fuente de “desfinanciamiento”, que justifica, tal como lo dijo la actual ministra de culturas, Paola Holguín, “pasarle la motosierra de Milei al Estado”, o sea, desfinanciar el arte, la cultura y los programas sociales mientras se fortalece la financiación de la guerra, las fuerzas represivas del Estado, el extractivismo y las cuentas del gran capital. También repite el accionar del gobierno de Bolsonaro con las instituciones culturales: mandar un mensaje de que lo público es ineficiente, y que la vía correcta es la privatización.


Esto nos da un mensaje claro: toda vía institucional será saboteada y cada proyecto que surja del Estado será usado y/o tergiversado por el gobierno fascista de Abelardo para alimentar el proyecto político que representa.


Lo que no debemos olvidar es que esto no es nuevo, la cultura es un campo de batalla político, algo que los enemigos del pueblo entienden muy bien. La desfinanciación y destrucción de los proyectos artísticos y culturales populares se acompaña y consuma con otros procesos paralelos:


  1. Construcción pánicos morales, y narrativas de miedo: La oligarquía, en Colombia y todo el mundo, ha construido “enemigos internos” que desvían la atención de los problemas de la clase trabajadora, para que esta encuentre la razón de sus problemas no en un sistema político y económico de explotación, despojo y exclusión, sino en actores específicos como las personas trans, lxs migrantes, las personas racializadas, o los jóvenes de barrios populares; estos enemigos internos que “destruyen” el país que el resto de la población “se merece”. 

Los estímulos promovidos por el Ministerio de las Culturas durante el gobierno anterior pusieron un énfasis justamente en estos sectores, varias iniciativas fueron construidas y pensadas para disidencias sexuales, migrantes, jóvenes populares o para la población palestina en Colombia, por poner algunos ejemplos. El contenido de estos proyectos choca directamente con los discursos de pánico moral del gobierno de Abelardo, que ha construido y señalado ya a sus propios enemigos internos (los “bandidos”, “guerrilleros”, “la izquierda corrupta”, “la ideología de género”, “los migrantes”, etc.) que le sirven para justificar políticas de segregación, militarización, persecución, perfilamiento o prácticas sociales genocidas, ejecutadas por figuras “heróicas” y militaristas. 

Eliminar los espacios de arte y cultura popular construidos por la clase trabajadora le sirven al gobierno fascista para cimentar, con la menor oposición posible, el monopolio del significado, de la narrativa.


  1. Ataque el pensamiento crítico: Además del discurso del desfinanciamiento, los proyectos fascistas adelantan de manera abierta persecución y censura a la educación, conocimiento y la reflexión crítica, mientras se le da vía libre a contenidos, narrativas y productos culturales catalogados como “neutrales” o “no ideologizados”, que reproducen el statu quo y posicionan discursos útiles a los intereses de los más poderosos. Las empresas llamadas a sí mismas como iglesias cristianas neopentecostales, en compañía de funcionarios públicos con poco conocimiento sobre la administración de lo público, pero alineados ciegamente con los intereses del gobierno, se han puesto manos a la obra en este proceso de privatización y confesionalización de la educación, y censura del pensamiento crítico en colegios, universidades y otros espacios de creación de pensamiento.

La creación y circulación de conocimiento popular, producto de la reflexión de la clase trabajadora, que ve en su propia realidad las contradicciones del sistema, que ve la riqueza despojada por los poderosos en contraposición con el hambre de sus barrios, es una amenaza para el proyecto fascista.


  1. Cimentar el desprecio por la expresión artística popular: En Bogotá, al igual que en otras ciudades del país, las administraciones distritales señalan como “delincuentes” a quienes practican el arte en el espacio público. Esto no es accidental, es una forma de crear odio contra el arte popular, así como de crear en el artista popular un enemigo de “la convivencia”, o del “espacio público”. Procesos similares en otras naciones acompañan esto con la glorificación de “finas artes” como lo hicieron con la Ópera en Brasil.


  1. Difundir la idea de “falta de recursos” como resultado de la ejecución del gobierno anterior: En toda la región se han culpado a gobiernos de izquierda de “desfalcos fiscales” para justificar el desfinanciamiento, junto a mensajes que hacen entender que el nuevo gobierno hallará una salida “milagrosa” para esta situación. Esta narrativa profundiza la idea de que la ejecución de recursos de gobiernos progresistas con fines de bienestar social representan una amenaza para el sostenimiento del Estado. Este discurso servirá, además, para justificar que el Estado colombiano se endeude con organismos de deuda internacionales como el FMI o el Banco Mundial; el precio de esa deuda cae directamente sobre la clase trabajadora, ya que nos ahogarán con impuestos y eliminarán cada vez más la financiación pública de derechos como la educación, la alimentación o la salud, con el pretexto de tener que gastar menos, y dedicar más dinero público al pago de la deuda externa.


A esto debe sumarse el nivel de precariedad que enfrentan los artistas, no solo en Colombia. La lógica del modo de producción capitalista fuerza al artista a convertir su obra en una mercancía, que obedezca al mercado y al mundo del trabajo por encima de su potencial de pensamiento crítico y creación. Lxs artistas de la clase trabajadora no pueden llevar pan a su mesa, y deben recurrir, como el resto de la clase trabajadora, a trabajos enajenantes para garantizar su propia supervivencia, que les terminan llevando a renunciar a la creación artística. 


Los programas de becas y estímulos son absolutamente insuficientes para cubrir la amplia demanda de creación, de crítica, de denuncia que la clase trabajadora tiene para plasmar su voz a través del arte, y sin embargo representan varias de las escasas oportunidades que tienen lxs artistas populares para esquivar por un periodo corto de tiempo la lógica mercantil y enajenante del trabajo asalariado capitalista, y poder asegurarse su supervivencia por un par de semanas, mientras emprenden un proceso creativo; así mismo, es de las pocas oportunidades que tienen lxs trabajadorxs para poder asistir a espacios culturales gratuitos, donde no se les ve como clientes del mercado de la cultura.


¿Y qué sigue? ¿Para qué nos debemos preparar? Si el gobierno de Abelardo replicara, como ya lo ha venido haciendo tanto en discurso cómo en acciones, las experiencias de otros gobiernos fascistas de la región, la historia indica que continuarán con la liquidación de la institución mayor, el Ministerio de las Culturas, con una desaparición absoluta o bajo la modalidad de fusionarse en otra institución pública, lo que da vía libre a un objetivo final: la privatización de la cultura nacional, hacer de un negocio nuestra memoria, nuestra capacidad creadora, par de nuestra identidad, y que sea accesible, luego de un proceso de blanqueamiento, para unos pocos. En este panorama a la clase popular solo le quedará la opción de someterse a la propaganda fascista disfrazada de cultura nacional, y quedar excluida de muchos espacios de creación y difusión artística. 


Dicho lo anterior, desde FATTAL, rechazamos rotundamente hacer parte de este proceso de exterminio cultural: resistimos y nos rebelamos ante sus lógicas e invitamos ampliamente a crear un frente popular de reacción unido, plural y diverso que deje sin salidas ni súbditos a este gobierno. Vemos en el arte una capacidad humana creadora, y una herramienta vital para que la clase trabajadora tome conciencia de su lugar en la historia, derrumbe las estructuras que le oprimen y explotan, se apropie del mundo que le pertenece, y plante en él un futuro para todxs.


Toda opresión está conectada: le hablamos a lxs estudiantes, marikas, personas racializadas, pueblos excluidos, artistas, trabajadorxs formales e informales, campesinxs, protectorxs del páramo, mujeres y todx aquellx defensor de la vida y la igualdad que se sienta amenazadx en este gobierno. Todxs tenemos un mismo enemigo. Unirnos es el primer paso para acorralar al opresor y transformar nuestra realidad.


Rebelarse es urgente.


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